Son muchas las ordenanzas, normativas y leyes que regulan nuestra Naturaleza y sus ecosistemas asociados para que no se vea perjudicado, ni alterado el paisaje estético que lo conforma. ¿Son necesarias? Sí rotundo, se trata de proteger una Naturaleza que desaparece día a día a un ritmo trepidante. Por eso, ante la inminente celebración del Día Mundial del Medio Ambiente el 5 de Junio cuyo lema es la lucha contra el comercio ilícito de fauna y flora silvestres, es preciso reflexionar sobre estas cuestiones.

Abriendo apetito

Resulta contradictorio, en cierta manera, que para obtener la instantánea superior hemos alterado la convivencia de esta camada de inmaduras crías en su hábitat, convencidas de que el objetivo que les señala es su ama de cría que les viene a traer el alimento necesario para seguir con vida. El Derecho a desarrollarse se ve alterado por perseguir e imitar la eficiencia de la Naturaleza. Debemos ser nosotros los que nos pongamos los límites. No todo vale. Con las geolocalizaciones de las nuevas tecnologías, pocos lugares escapan de ser vírgenes, recónditos, paraísos inalterables ajenos al control de los humanos. Y encima, algunos se encargan de facilitar todo tipo de detalles en las redes sociales sobre un hallazgo natural, animal o florístico que estiman extraordinario convirtiéndolo en un boomerang irresistible.

Tragopogon porrifolius copia

Por otra parte, son unos cuantos los que defienden la teoría que la conservación del Medio Ambiente pone freno al desarrollo económico. ¡Es mentira! Una auténtica falacia que por mucho que se difunda y se escriba sobre ella no tiene porque convertirse en verdad. La Economía y la conservación no deben estar reñidas. Estamos muy mal enseñados a cuantificar las cosas. a apreciarlas por su valor monetario. ¿Y los otros valores? Pensemos por un momento en el tejo de la imagen inicial. Para los que lo consideran un árbol más en el entorno natural: no aprecian su longevidad; su valor tradicional en el núcleo rural; su singularidad, si la tiene. Y en el caso de la flor que ilustra este texto. El Tragopogon porrifolius puede significar una flor más entre las hierbas: llamativa por su colorido y floración en una época concreta del calendario; muy atractiva para arrancarla y componer un bello ramo silvestre en el jarrón de cualquier domicilio particular. Pocos reparan en la función que cumple dentro del ciclo vital. Si puede ser un manjar exquisito para el sustento de los polinizadores que tan castigados se encuentran en la actualidad por migrantes colonizadores venidos de otras latitudes.

En definitiva, llegados a este punto conviene recordar en esta conmemoración el libro de Antonio Fraguas»Forges» y Joaquín Araújo El ambiente siempre esta en medio

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