Espacio natural de las Médulas. Una visita relámpago para conocer los Alcornoques residentes en el Monte El Frade. Acompañados por encinas y madroños en la parte baja del camino que da acceso a tan singular paraje. Nos adentramos por una amplia pista, en un monte denso y cerrado. Los Quercus suber dominan la parte más baja y térmica del recorrido. Alcanzando mayor porte y despuntando por encima del dosel del resto de especies.

Alcornoque
Alcornoque

Otras especies componentes del estrato arbóreo, que en algún caso se muestran en forma de pequeños rodales son el quejigo, rebollo y espino albar.

Espino Albar
Espino Albar

Los castaños también aparecen en fincas particulares adyacentes a la pista por la que transitamos. En cuanto al sotobosque, distintas especies de jaras y estepas, además del brezo blanco adornan el paisaje mezclándose con otras propias de la región atlántica.

Castaño
Castaño

Esta cubierta vegetal sirve de refugio para la fauna y avifauna que encuentra en este hábitat una importante despensa alimenticia, propiciada por la abundancia de bellotas que pueden recoger en la temporada otoño-invierno.

Rebollo y Bellota
Rebollo y Bellota

A pesar de tratarse de un árbol típico del clima Mediterráneo, el zufreiro, azufreiro, como se le denomina localmente, arraiga con fuerza en esta franja de transición hacia la región eurosibereiana. Por otro lado, es una especie muy apreciada por su fruto, sustento del ganado. Pero sobre todo por su corteza, compuesta por una gruesa capa de corcho ligera y porosa.

Corteza
Corteza

Un notable ejemplar de esta especie se encuentra incluido en el Catálogo de Especímenes Vegetales de singular relevancia de la Junta de CyL, con una altura de 13 metros y un diámetro del tronco de 1,70 metros.

Alcornoque
Alcornoque

El corcho extraído del árbol tenía un uso etnobotánico por parte de los habitantes del Lago de Carucedo: como recipiente para guardar los utensilios de la matanza del cerdo e incluso de macetero; colmenas de corcho selladas con tiras de castaño y un curioso uso que se le daba al realizar la colada de la ropa. En los duros meses invernales, la colada de la ropa blanca se depositaba en un cesto de corcho abierto por la parte superior e inferior. Posteriormente se empapaba con agua hirviendo, en la que previamente se disolvían pequeñas porciones de jabón de Aravaca y se ponía paja en el suelo para que fuera chupando la humedad durante toda la noche. Con este truco, la ropa había clareado gracias a que el corcho conservaba el calor en su interior y luego se tendía en un corredor para su secado definitivo.

Mapa del itinerario
Mapa del itinerario

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