Con paciencia, buenas costumbres y nuevas pautas sociales recuperamos nuestros hábitos. Volver a disfrutar del entorno más cercano nos permite disfrutar de las pequeñas cosas. En apenas cinco fotografías, la naturaleza nos acerca a sus hechos cotidianos. Como esta fresa silvestre, alejada de los parámetros industriales de sus competidoras, las industriales que consumimos habitualmente.

La calurosa Primavera invita a salir. A volar, en sentido figurado para redescubrir lo que conocemos, pero habíamos olvidado. Llama la curiosidad, como estas mariposas siguen su ritual de aparearse, sin importarles la presencia del objetivo indiscreto que todo lo ve y todo lo calla.

                

El color, muchas veces, cambia el prisma de lo natural. El fruto rojizo del rusco prendido a la hoja puede pasar desapercibido en un entorno donde prima un color, una tonalidad que no le hace brillar como se lo merece.

Un rastro, una huella, una pisada son datos contrastados del hábitat compartido por otra especie. Como sucede con esta piña, roída por completo para saciar el estomago huérfano de alimento de un ratón o ardilla que se mueve por este recóndito lugar.

En sigilo, con un ritmo sereno y pausado, esta pequeña culebra continua su periplo. Sin importarle el tránsito de otros acompañantes por el camino por el que discurre su ruta.

Al igual que todos los protagonistas de esta entrada siguen su discurrir normal, los humanos vamos poco apoco, recuperando sensaciones cotidianas a las que estamos acostumbrados.

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