Cuando llega el solsticio de invierno, en  época pretéritas en el caserío vasco se cortaba un tronco especial para que ardiera en el fuego durante la Navidad. Una vez agotado, consumido, sus cenizas se esparcían por los establos, las huertas y las tierras con la convicción de que ello aseguraba la protección de los bienes y seres.

Este tronco recibía diferentes nombres en la tradición vasca según las zonas: Gabon mukurre en Vizcaya; Porrondoko en Alava; Subilaro egurra en Navarra y Olentzero engorra u Olentzago en Guipúzcua. En sintonía con estas denominaciones, el etnógrafo Juan Garmendia Larrañaga apunta que pudiera ser que este tronco sagrado del solsticio acabara personificándose en la figura del Olentzero, el mítico carbonero que abandona su morada en las altas cumbres durante esta época para traer regalos  a niños y adultos la víspera de Navidad.

Olentzero-dibujo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *