En boca de conversaciones de compañeros, tertulias de amigos y anécdotas familiares, los que se cuenta en este artículo de Arturo Pérez-Reverte (El semanal, 3 Enero,2021) las hemos sufrido casi todos los que disponemos de una cuenta corriente. Da igual, la entidad bancaria donde deposites tus fondos, ahorros, domiciliaciones bancarias, para tu gestor sólo eres un activo más del cual han de obtener un redimiento neto, para que en la cuanta final de resultados de la sucursal sumes como beneficio y el director obtenga un plus extra como recompensa a su loable labor directiva.

La empatia muy manesoada en términos de pandemia y de emergencia sanitaria, no está a su alcance. Cajeros, apoderados, interventores la obvian. Son plenamente conscientes que deben aplicar su reglamento interno de funcionamiento, a pesar que muchas veces , los trámites telelemáticos repercutan en su estabilidad laboral. Una computadora, un celular les sustituyen con demasiada frecuencia en aras del progreso. Un desarrrollo tecnológico para el que no estamos lo suficientemente preparados. Fallan las coberturas telefónicas; la orografía complica en muchas zonas su alcance.Resultan limitados los recursos para parte de numerosos usuarios para disponer una de línea rápida y segura para acceder a los datos. Además, sus derechos, encriptados en ocasiones en minúsculas letras e inelegibles para no doctos en la materia chocan la mayoría de las veces con las obligaciones atribuidas por el Banco de España para sus clientes.

No somos tagarotes, motolitos, lilipendos, pegoteros ni zorrocotroncos, somos personas que contribuye con su dinero en la economía de nuestros respectivos países.

 

 

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