La atalaya del Ganekogorta es el monte Bocinero más cercano a Bilbao. Desde sus 998 metros de altura se divisan unas panorámicas estupendas de la metrópoli y de los montes más lejanos a la misma. La llamada a Juntas Generales se realizaban en la Edad Media tras acceder a uno de los cinco montes bocineros en los que se divide el territorio vizcaíno. Una vez en la cima se encendían hogueras y se tocaba el cuerno avisando de la convocatoria de las mismas.

panel en cima

La subida a este hito montañoso de piedra caliza en muchas partes de sus sendero ligeramente empinado y en continua ascensión hasta llegar a la cumbre como se puede observar en la imagen inferior. La plantación de árboles en algunos tramos de la pendiente serán de agradecer para futuras generaciones, ya que les proporcionaran sombra y refugio donde cobijarse ante los rigores del clima.

Subida a la cima

Respecto a la vegetación, ante la ausencia de árboles y arbustos a ambos lados del camino, la pradera domina la mayor parte de la superficie. Algunas herbáceas en los tramos iniciales de la subida adornan el paisaje. Y entre la flora dos ejemplos que se encuentran: la prunella vulgaris de la primera imagen y el sedum telephium de la segunda fotografía inferior.

Prunella copia

Sedum copia

La cabaña ganadera también pasta a esta altura. Vacas provistas con sus cencerros al cuello para identificarlas por parte de su propietario en los días de niebla.  Son las encargadas de tapizar el verde del paisaje sin ninguna hierba más alta que otra. Como esta familia que permanece atenta al objetivo de la cámara.

vaca y ternero

Sobrevolando sobre mis pasos transita el buitre leonado, aprovechando la ligera ventisca que le permite componer intensas figuras volátiles en busca de una mejor perspectiva. Atento a  alguna  posible presa que le permita saciar su buche.

buitre oteando

De otros animales salvaje, como es el caso del jabalí, se encuentran restos de su paso. Rastros de tierra removida, levantada, por medio de su hocico, en busca de sustento, como lo atestigua esta imagen inferior.

rastros de jabalí

Por último, un abejorro que también se atreve a visitar estos parajes, se muestra enfrascado en plena tarea de libar el néctar de esta flor para saciar su estomago atormentado.

abejorro libando

Conforme se gana altura las vistas mejoran irremediablemente. Al fondo se vislumbra, un embalse con  su agua de color verdosa y rodeando al mismo, los cultivos forestales de pinos que lo circundan con nula presencia de vegetación autóctona en los alrededores.

embalse

Al final alcanzo la cumbre. Dos horas y tres cuartos de ascensión aproximadamente, desde el aparcamiento de Larraskitu , tras coronar previamente el Pagasarri, reponer fuerzas en la fuente del Tarín y continuar el camino hasta la cima de este monte bocinero. Una vez arriba se obtiene la curiosa panorámica del área metropolitana bilbaína, desde Muzkiz hasta el Gran Bilbao.

La metropoli desde arriba

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