Regresamos por un momento al escenario visual de una línea blanca donde unas zapatillas deportivas seguían su trayectoria por distintos puntos geográficos. Emilio Aragón por medio del «siga la línea» se aventuraba con un programa transgresor a entretenernos por medio de la televisión. En la actualidad, las líneas, colores, flechas y señales variopintas acompañan nuestro trajín diario. Exigen su obligado cumplimiento por parte de los ciudadanos, sin excepciones de ningún tipo.

Nuevos iconos inundan nuestra sociedad contemporánea. La pandemia obliga a establecer ciertos distanciamientos sociales para evitar su propagación en los escenarios habituales: supermercados, transporte público, empresas, colegios,  universidades espacios de ocio, escenarios culturales y locales de hostelería.

                   

Atrapados por lo individual y lo fragmentario, donde la producción se rige por logaritmos, aplicaciones, bits, redes y datos. Enumeramos una cantidad de Derechos que vemos recortados, pero olvidamos las obligaciones a las que estamos sujetos  Debemos acostumbrarnos a cumplir con ellas como nos recuerda en el libro Huevos con bacón de Jordi Arcarons:

¿Sabéis la diferencia entre compromiso e implicación? Que cuando tú estás comiendo un par de huevos fritos con bacón piensas como se ha comprometido la gallina para poner los huevos, pero el que se ha implicado de verdad es el cerdo que ha dejado su vida para que puedas comer el bacón.

Cada país, comunidad autónoma y localidad vive su distopía, con sus realidades, sus miedos y la manera de afrontarlos Se trata de acostumbrarnos para que entre todos avancemos a pasos agigantados. En pocas palabras: pasar las hojas para que las ideas cicatricen. Pero antes hay que leerlas.

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