En Euskadi el haya (pagoa), el castaño (gaztaña) el abedul (urkia)  y otras especies caducifolias sufren un proceso de renovación y alta productividad que se conoce como otoñada. La humedad, las precipitaciones, esta temporada menos abundantes, propician una belleza paisajística notable. Caminar por sus dominios influyen en estado de ánimo personal de quién se embosca para oír el canto de las aves en las ramas, el murmullo de las hojas agitadas por el viento, observar pequeñas gotas que se deslizan sobre las plantas, buscar una sombra acogedora para reposar y un sinfín de pequeñas curiosidades.

Por otra parte, los árboles adquieren bellas tonalidades rojizas, ocres, amarillas o anaranjadas. Esta transformación es debida a los pigmentos que se muestras visibles en las hojas, una vez que la planta retire de ellas la preciada clorofila. Es tiempo de recolectar, sobre todo para aquellos que luchan por la supervivencia de  nuestros bosque autóctonos. Conseguir semillas de nuestra despensa natural para preservar con el paso del tiempo nuestras especies.

Aprovechar los frutos de saúcos, rosales, majuelos o espinos, endrinos, que se muestran aún maduros y jugosos. sin olvidarnos de las bayas rojizas de acebos y agracejos que con su color rojizo sirven de reclamo y alimento para numerosos comensales. Pero la principal cosecha durante el otoño la propician el castaño, el haya y el roble, porque sus frutos (castaña, hayuco, bellota) empiezan a desprenderse de sus ramas para poblar la fragante y húmeda hojarasca del bosque.

Sin olvidarnos de la simbiosis bosque y hongos, ya que muchas setas despuntan entre la hojarasca o adheridos a la corteza de los árboles. Una pequeña muestra de lo aquí redactado lo encontrareis al visionar el video que acompaña este texto.

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