El éxodo vacacional hizo mella en la afluencia de público al Bilbao Arena. Aunque el  exjugador Roger Grimau no quiso perderse ningún detalle del partido arropado por la dirección deportiva del Bilbao Basket. También regresaban a Bilbao, Katsikaris, Borg y Vaseliadis enrolados en las filas del Iberostar Tenerife que se llevó para las isla la victoria por 74 a 67. Una primera mitad soporífera para los hombres de negro. Baja anotación, poco acierto desde el triple, ausencia de rebote ofensivo y poco juego colectivo. Con un Tabú anotando con cierta regularidad para su equipo.

Con este panorama, la figura del pivot visitante Tobey se hizo patente. Tiros a media distancia, rebotes ofensivos capturados, mates e intimidación defensiva le convirtieron en el baluarte de su equipo. Bien secundado por Bassas, Ponitka y Abromaitis, que anotaban con acierto desmesurado desde posiciones exteriores del perímetro. El partido se presentaba complicado. Aunque antes de pasar por vestuarios se  vislumbró una ligera mejora en el juego local, con  acciones de intensidad, un parcial favorable de 6 a 0, para los «hombres de negro» que propició un tiempo muerto de Katsikaris.  Como casi siempre, tocaba remontar durante los veinte minutos restantes

Y así fue. Una zona de ajustes ordenada por Mrsic sorprende en la primera jugada del tercer cuarto a los isleños que pierden el balón. A partir de ese momento, la garra y acierto de Redivo, con triples y contragolpes certeros levantan el ánimo de la afición local. Salgado empieza a enchufar triples lejanos que recortan diferencias en el luminoso. Thomas con sus rebotes y jugadas de 2 más 1 provocan la algarabía en Miribilla. Losa gritos de ¡Si se puede! afloran en las gargantas del respetable. Se estrechan las ventajas visitantes.

Pero el agotamiento físico de jugadores como Redivo y Thomas, que les obliga a descansar unos minutos, no tiene efecto contagioso en sus sustitutos en cancha. Mrsic ordenaba de nuevo la defensa zonal de ajuste. Hervelle ocupaba la posición de cinco. Además, Mumbrú volvía a jugar en  el puesto de cuatro abierto. Pere Tomas regresaba al juego tras bastantes minutos en el banquillo. Con estos mimbres, los tinerfeños recurrían a San Miguel y Vasileiadis para jugarse los balones calientes. Provocando faltas que les acercaban a los tiros libres para mantener el acierto y la distancia en el luminoso. Un domingo de resurrección  reflejado en los rostros de los  máximos representantes de ambos contendientes en el palco. Abstraído Mauraza, pendiente del móvil el mandatario tinerfeño.

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