Su interés radica que debido a la proximidad de la carretera nacional que une León con la capital del Principado de Asturias pasa muy desapercibido lo que en su entorno se esconde. La ruta  transcurre a través de un frondoso pinar con robles intercalados, sobre todo en el lado izquierdo. Tampoco es muy habitual encontrar un espacio natural plagado de coníferas con especies autóctonas así por estos lares.

Las piñas del pinus silvestris delatan la presencia de esta especie sobre el terreno. Aunque también se  mezclan ejemplares de pinus nigra en algunos tramos del camino ascendente. El ecosistema se ve perturbado, con frecuencia, por el ruido del tránsito de vehículos por la zona denominada El  Rabizo. Algo que no parece importarle a la amapola que muestra sus mejores galas en una linde del camino de subida.

En la zona umbría de subida, la conocida como flor pajarito o Linaria triornitophora  muestra su color rosado y reluciente, alejada de otras de su familia, más timoratas y agrupadas que pretenden pasar desapercibidas al ojo del viajero.

 

Para alcanzar el ligero ascenso del pinar, primero hay que subir hasta los depósitos de agua del municipio.  En este tramo es donde aparece la conocida cuchara de pastor o Rhaponticum carthamoides, en una pradera donde la encina se adueña del terreno.

En esta cota se obtiene una vista panorámica de La Robla. La nacional, la térmica, el polígono industrial, el núcleo urbano y la vía ferroviaria de alta velocidad se vislumbran con claridad en un día despejado.

Se acerca el momento de acercarse a los quercus, verdaderos protagonistas de la ruta. Como si el Sol quisiera señalar su ubicación, este diminuto haz de luz señala la ubicación del roble centenario, escoltado por los pinos que crecen alineados, del  mismo porte y tamaño, respetando uno a uno su fila correlativa.

No son muchos los ejemplares, pero se convierten en verdaderos candelabros artificiales con ramas gruesas que soportan otras más delgadas, hasta llegar a una altura considerable.

No sólo hay admirarlos de cerca, desde abajo, en vertical, para contemplar las formas complejas que puede adquirir en su tronco, sin perturbar su crecimiento longevo y constante, en busca de los rayos de luz que les permitan realizar la fotosíntesis de la que todos los humanos nos beneficiamos.

La corteza de este quercus pyrenaica llama la atención por su cubierta de tono verde por la humedad y cierta penetración del musgo que se adhiere a la piel del árbol resaltando el  perímetro de su contorno, al que se puede rodear  con la ayuda de cinco personas.

La Biodiversidad muestra su riqueza de nuevo dentro de este hábitat. Las mariposas buscan el néctar que les permite alimentase, libando de flor en flor, en dura competencia con otros ejemplares de su especie y  otras semejantes. En ello anda esta representante de la especie Melanargia.

El mimetismo de esta libélula encuentra acomodo agazapado en una pequeña rama de un arbusto a un lado del trayecto. Sus presas andan revoloteando, y como se acerca la hora de comer, es momento oportuno para elegir la víctima propicia.

El panel informativo se encuentra en la plaza principal de la localidad, punto de inicio de la ruta, y en él se detallan las principales paradas e hitos que se pueden descubrir, en una apacible mañana veraniega.

 

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