Un paseo matinal relajado y tranquilo por la localidad de Errigoiti permite comprobar la oportuna calma que propicia el silencio. Silencio de recogimiento ante el Humilladero de San Antonio. En su interior el Cristo crucificado es flanqueado por los santos San Antonio Abad y San Antonio de Padua.

Silencio de veneración para contemplar el edificio renacentista de la Iglesia de Nuestra Señora de Idibaltzaga. Se trata de un edificio de estilo renacentista donde se conserva en la fachada meridional una portada manierista trazada sobre un  arco   triunfal de medio punto enmarcado entre pilastras. Coronado por un relieve de la asunción al que flanquean San Pedro con las llaves, abajo retratado, y San Pablo con la espada.

Las vetustas encinas y robles, como el de la imagen inferior, complementan el conjunto monumental de Elexalde. En esta ocasión el silencio se ve alterado por el tránsito de un solitario vehículo que atraviesa la carretera que conduce al cementerio. La Villa  de Errigoti  se encuentra un poco más abajo de la ladera, que fue fundada por el Señor de Bizkaia, el Infante Don  Juan en 1376.

Toca perturbar un poco el ambiente. Abandonar la calma y relax que se respirar por estos parajes.  Tomar el vehículo particular y  subir hasta la barriada de Metxikas. De nuevo silencio sepulcral al aparcar.  Roto por el piar de esta ave rapaz que sobrevuela nuestra cabeza. Nos barrunta sus dominios sobre el territorio que atravesamos.

Coronada la Ermita de Santa Cruz en la barriada de Bizkaigane, la vista panorámica resulta espectacular en un día soleado. Permite distinguir sin reparos la colonización de los pinos por todo tipo de propiedades que circundan los terrenos que alcanza a vislumbra nuestra vista. Aunque el bosque autóctono, permanece en esta atalaya, los castaños cubren el perímetro de la Ermita y este majestuoso acebo convive con el edificio religioso en buena armonía. De nuevo silencio comedido.

Toca regresar. Los grillos con sus cantos alteran la monotonía silenciosa. Las mariposas buscan  libar el néctar de las flores primaverales que lucen sus mejores colores durante esta primavera. Como le ocurre a esta colias crocea que intenta camuflarse para pasar desapercibida en las praderas de pasto. Silencio campestre.

Antes de emprender el camino a casa, un nuevo testimonio sonoro del silencio estruendoso que se percibe en el entorno de la ermita de San Lorenzo. Sentado sobre una mesa de este área de descanso, con la vista centrada sobre las antiguas escuelas y el robledal colindante, el sigilo y recogimiento sólo lo modifican las aves con sus cantos.

 

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