Tender Puentes. Unir espacios.El arquitecto canadiense que puso en el mapa universal a Bilbao, Frank Gehry regresa con otra obra arquitectónica al botxo. El puente de la imagen superior de  este texto une el barrio de Deusto con la península de Zorrozaurre. Única vía de acceso con el pasado de este barrio industrial. A un lado, la ría contempla las jóvenes generaciones de remeros que bogan en largos entrenamientos matinales.

remeros

En su margen izquierda quedan vetustas instalaciones del paisaje industrial de antaño. Unos muelles sin bullicio de personas y mercancías. Restos de un volquete solitario en espera de su carga depositada delante de su figura rojiza.

volquete

Prosigue el paseo y próximo a la carretera aparece un muelle destartalado, con una cadena. Antiguo punto de anclaje, de amarre de las gabarras llenas del mineral de hierro que fluía por la ría camino de los altos hornos localizados en Sestao. Mantiene un tono, oxidado, por el azote de las inclemencias dela gua, el viento, la brisa y lluvia que azotan su ubicación.

muelle

Continuo avanzando, aproximándome al borde del final de esta isla urbana, levanto la mirada y observo este barco. Anclado en un muelle, como no, de la margen izquierda. Varado, pero no inactivo cumpliendo aún una misión de drenaje de los fondos marinos por los que navega en este canal.

barco varado

Vuelvo sobre mis pasos. Un ligero murmullo escucho a mis espaldas. Me vuelvo y dos nuevas traineras surcan las aguas de la ría. La tripulación de Zierbana prosigue con sus entrenamientos invernales de cara a la puesta a punto de  la temporada remera en verano. Sus paladas rompen el silencio matutino de los allí congregados, meciendo pequeñas olas al compás de la voz de suy patrón.

paladas

Una nueva instantánea surge con fuerza en otro de los muelles. El color cobrizo, oxidado por el desuso, muy identificativo del paisaje industrial bilbaíno. Presente en la actualidad en obras arquitectónicas y escultóricas de relevancia de la capital vizcaína. En el pasado, engullían sin cesar los minerales y contenedores desde los muelles a los barcos y viceversa. Ahora se convierten en dos esculturas más que podían adornar la avenida de cualquier manzana céntrica.

pinzas

Pero la ría también tiene ocupas. Pequeñas aves, cormoranes que la sobrevuelan a toda velocidad y gaviotas que buscan sustento y morada en los huecos de los muelles y postes varados . Como le sucede a esta gaviota reidora que abandona su pose firme,estoico y rudo en busca de alimento para saciar su gula. Es la hora del aperitivo del mediodía.

gaviota reidora

Las puertas de los antiguos pabellones industriales permanecen cerradas. Como la de la fotografía inferior. Edificios de cierto estilo de principios del siglo XX abandonados muestran el arte grafitero de los artistas locales que conjugan presente y pasado, arquitectura clásica y arte vanguardista en un sólo objeto.

puerta simulada

Es hora de realizar una parada, un descanso en el camino. La ría nos muestra otra imagen sorprendente. El día grisáceo permite jugar con las luces y  la cubierta del agua nos ofrece reflejos que transformamos en un lienzo de finas pinceladas que nos muestran la gaviota reidora oteando el paisaje del barrio de Olabeaga, desde un poste de teléfono caído en el que se refleja su propia figura. Surrealismo puro.

surrealismo gaviota

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